Calienta el horno a 180 °C con calor arriba y abajo, o a 160 °C si utilizas ventilador. Engrasa los dos moldes y cubre las bases con papel para hornear. Coloca la rejilla en la zona central del horno para que el bizcocho esponjoso reciba el calor de manera uniforme.
Comprueba que la mantequilla esté blanda, pero no derretida ni aceitosa. Los huevos y la leche deben estar a temperatura ambiente para reducir el riesgo de que la mezcla se corte.
Bate la mantequilla y el azúcar durante 3 o 4 minutos a velocidad media. La mezcla debe verse más clara, cremosa y con mayor volumen. Detén la batidora una vez para bajar con una espátula lo que quede adherido a las paredes del recipiente.
Añade los huevos de uno en uno. Bate solamente hasta integrar cada huevo antes de agregar el siguiente. Si la mezcla empieza a verse granulada, incorpora una cucharada de la harina previamente pesada.
Para mantener la textura del bizcocho esponjoso, mezcla la harina, el polvo de hornear y la sal. Incorpora los ingredientes secos en dos tandas, utilizando la batidora a velocidad mínima o una espátula. Añade la leche y la vainilla entre ambas tandas. Detente en cuanto desaparezcan las vetas de harina para evitar desarrollar demasiado gluten.
Reparte la masa entre los dos moldes. Para obtener capas de la misma altura, pesa la masa completa y coloca la mitad en cada molde. Alisa suavemente la superficie y hornea durante 20 a 25 minutos. Empieza a comprobar el punto a los 20 minutos.
El bizcocho estará listo cuando la superficie recupere su forma al tocarla suavemente y un palillo insertado en el centro salga limpio o con unas pocas migas secas.
Deja reposar los bizcochos durante 10 minutos dentro de los moldes. Pasa una espátula fina por los bordes, desmolda y coloca las capas sobre una rejilla. Espera hasta que estén completamente frías antes de rellenarlas o decorarlas.